MI PRIMERA AURORA
Recuerdo que en mi niñez,
yo vi a la aurora temprana,
cuando quería amanecer
y sentí tanto placer,
que a mi padre le exclame.
Padre mira allá,
por detrás de las montañas,
donde la bruma el monte baña,
como unos rayos plateados,
que parecen atrapados,
por la belleza natura,
semejando una escultura,
de Cristo resucitado.
Mi padre soltó el arado,
gritando con grave voz,
oho, quietas las vacas, oho
y me acaricio el mentón.
Luego contemplo mi visión,
dándome por explicación
con cariño y mucha calma,
que aquello era el mar de nubes
y que el sol ya despuntaba,
luciendo en lo alto del monte
la aurora de la mañana.
Luego a media mañana,
la curiosidad en mi mandaba,
y con una bella sonrisa,
le volví a preguntar.
No sin antes observar,
que el ya sudaba la camisa
por que sin pausa pero sin prisa,
el sol empezaba a calentar.
Padre dime ¿por que?
Tu la tierra tienes que arar,
para poder cultivar,
si no debiera bastar,
con la semilla sembrar.
Por que así yo podría ver,
las semillas germinar
y tu tendrías tiempo,
para conmigo jugar.
El mando a la yunta a parar,
y quitándome el sombrero
me acaricio primero el pelo,
para luego con cariño explicar.
Hijo a ti que te gusta tanto,
el libro de religión,
nunca tu maestra te a explicado
la parábola del sembrador.
La semilla se tiene que enterrar bajo tierra,
para después de muerta,
resucitar con mas fuerza
y así mas abundante será la cosecha.
Y en cuanto a lo de jugar,
recuerdas lo del padre Adán,
el día que fue expulsado del paraíso terrenal,
toda la humanidad heredo su misma suerte.
Por eso todo hombre de bien,
tiene que trabajar,
para ganarse el pan,
con el sudor de su frente.
Autor: Manuel Jesús Rodríguez Medina.
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